BAILE Y CORAZÓN: LA MAGIA DEL TANGO
Antonio Oliveros Juste
Neurólogo
Miembro Numerario de Honor de la Sociedad Española de Neurología
Los cuidados higiénicos acompañantes a los tratamientos farmacológicos
o quirúrgicos han evolucionado de modo tan inadvertido como espectacular
en los últimos 25 años. Se han hecho en general más
respetuosos con la calidad de vida del paciente o, como mínimo, más
soportables. Parecía haberse superado el concepto de que el enfermo
era culpable de algo, pero de hecho se le castigaba con hambre, vida austera
y duro entrenamiento. Se ha tardado mucho en reconocer el fracaso de estos
brillantes, rigurosos y a menudo detalladísimos planes, porque no
eran seguidos durante más de un mes por casi nadie, o simplemente
empeoraban, al menos psicológicamente, al enfermo. La mayoría
de los médicos hemos ido aceptando la realidad y hemos buscado soluciones
más racionales y tolerables.
Hace años que las dietas terriblemente restrictivas para reducir
el colesterol total han sido sustituídas por una selección
de los alimentos y tratamiento farmacológico, que los diabéticos
ya no equilibran su consumo calórico pasando hambre, sino caminando,
y que los que han superado un infarto de miocardio han sustituido la carrera
por la marcha o el paseo.
En Neurología, la marcha prolongada o muy bien controlada, los ejercicios
de equilibrio o de habilidad o de memoria, son procedimientos de rehabilitación
comunes.
Tras un breve respiro después de haber dado este paso, estamos entrando
en una nueva etapa en la que la monotonía pone en peligro la continuidad
en estos ejercicios y plantea otra cuestión más importante:
¿cómo puede conseguirse que una actividad así sea mantenida
por un enfermo que se ha recuperado aceptablemente?. Y, todavía más
complicado: ¿Se puede esperar que la población sana realice
estos ejercicios como prevención de enfermedades?
La idea de que el baile podría ser una fuente de salud no ha sido
una propuesta de la medicina preventiva, sino el resultado de observaciones
en los mismos medios en que se practicaba baile, que en los últimos
años han adquirido la categoría de investigaciones, al saltar
a ambientes académicos.
¿Qué aporta el baile?
En todos los casos el baile implica actividad muscular y cardiocirculatoria
y un alto consumo de calorías. Todo ello es proporcional a la intensidad
física de cada tipo de ritmo, y es más evidente en los ritmos
que podríamos llamar violentos, pero no exclusivo de ellos. Es válido
también para lo que podríamos denominar genéricamente
bailes de salón “tranquilos”, bailables a cualquier edad.
Como paradigma de este tipo de bailes, porque tiene mayor tradición
y ha sido objeto de estudios más extensos y profundos, y porque lo
conozco mejor, voy a referirme al tango en el resto de este escrito.
El tango (especialmente el tango argentino) es una danza básicamente
caminada, pero que requiere un gran trabajo de mantenimiento continuado
de posturas complejas que requieren la participación de prácticamente
todos los músculos del cuerpo. Esto explica que bailar tango represente
un ejercicio que triplica prácticamente la actividad muscular y el
consumo calórico de una caminata en la calle. Durante cuánto
tiempo?. Una “milonga” (reunión para bailar tango, milonga
o vals criollo) en Buenos Aires puede durar unas 4 ó 5 horas, a veces
más, y eso puede significar una tiempo de baile efectivo de 2 ó
3 horas. En Europa la duración de las milongas es menor, paro la
dedicación efectiva al baile es mayor. ¿Cómo puede
mantenerse esta actividad, equivalente a una marcha de muchos kilómetros?.
La afición al baile, a menudo la pasión por el baile, el placer
de bailar, a veces la buena comunicación con la pareja, atenúan
poderosamente o eliminan de momento la sensación de fatiga (parece
que por liberación de endorfinas) , y alargan el esfuerzo mucho más
allá de lo que cabría esperar. Por eso es frecuente decir
que el tango es una droga. Desde luego, actúa de manera similar,
pero fisiológicamente, respetando la salud de alguien que está
realizando un esfuerzo que en otro escenario se consideraría incapaz
de hacer.
El tango y el Sistema Nervioso
Sin embargo, los beneficios van mucho más allá de lo energético:
Sólo puede bailarse aceptablemente tango manteniendo un exquisito
equilibrio, tanto en relación con el propio eje, como con el eje
de la pareja. Me atrevo a decir que, después del baile clásico,
el tango es el más exigente ejercicio de equilibrio que se conoce.
El nivel común de equilibrio no es suficiente. Hay que aprenderlo.
Exige años, pero conduce a un superior grado de equilibrio, realmente
distinto.
El tango tiene un amplísimo contenido técnico, que requiere
el aprendizaje de múltiples pasos de complejidad creciente. Nadie
conoce esos pasos en los inicios. Debe recibir clases en las que la dificultad
va creciendo de manera evidente, pero soportable por lo placentero de la
actividad. En fases avanzadas, ese aficionado es capaz de crear nuevas figuras
combinando lo que ha aprendido. Seguramente sin saberlo, está multiplicando
la capacidad funcional de un gran número de circuitos cerebrales
reguladores de los movimientos y responsables de la ejecución de
un gran número de programas de trabajo motor del cerebro, almacenados
en él como programas informáticos. Son el soporte de la llamada
Actividad Motora Compleja, que comprende actos que incorporan movimientos
automatizados (como caminar o girar), modificados por estímulos ambientales
(música con ritmo).
Y aquí entramos en otro nivel funcional cerebral: se ha comprobado
que escuchar una música conocida, mejor si tiene letra, y cantarla
o tararearla a la vez, es un ejercicio que, practicado a diario, tiene un
alto valor preventivo del deterioro de la memoria. Si a ello unimos la memoria
espacial y de esquemas motores que representa el recuerdo de los pasos y
coreografías y el ejercicio de lo que podríamos llamar memoria
social desarrollada al relacionarse con un amplio grupo de personas, resulta
que el tango es un intenso ejercicio de memoria de múltiples contenidos,
que pone en marcha múltiples archivos cerebrales.
El ritmo, como potenciador de los múltiples programas cerebrales
de actividades motoras automáticas, ha sido utilizado con éxito
en la rehabilitación de trastornos neurológicos motores, especialmente
de personas de edades avanzadas. La variedad de ritmos, de giros, de longitud
de pasos y de secuencias activa prácticamente todos los programas
referidos.
Bailar tango reclama atención, concentración, estrategia espacial
en la sala de baile, compartida con otras parejas, y a menudo conduce al
encendido de los más bellos circuitos cerebrales armonizadores de
las emociones.
En suma, el tango, no sólo es un activador muscular y cardiovascular,
como una especie de deporte potenciado. Al exigir la puesta en marcha de
prácticamente todo el cerebro, no sólo lo mantiene en buen
funcionamiento: hace mejorar su capacidad funcional y la estructura de sus
circuitos.
Estudios realizados recientemente Por Patricia McKinley en la Universidad
McGill, de Montreal, confirman científicamente gran parte de lo dicho.
Pero eso sería largo de contar.
Sé que lo dicho es extensible a muchas otros bailes de salón,
y pido perdón por no mencionarlos en detalle, por falta de espacio.
Comprenderé además que los lectores más perspicaces
aprecien en mí una sutil tendencia a considerar que el tango es el
baile más atractivo, apasionante, completo, bello, divertido, sano,
serio, cargado de tradición…
Dirección: Clínica Sagasta. Lagasca, 3, 50006-Zaragoza